Entevista con Alvaro Ybarra Zavala

Sobre el Contador de historias (1a parte)

Ávaro Ybarra en el Chad
Chad: las fotos de la vergüenza publicado por XL Semanal.

2Fue muy fácil convencer a Álvaro para que nos dejara entrevistarle. De hecho, no hubo que hacerlo: “Soy muy accesible“, y lo es. Eso sí, hubo que esperar un rato: recién llegado de uno de sus viajes y recién publicado su último trabajo sobre el Chad en XL Semanal, nos encontramos en un centro comercial a las afueras de Madrid. Mientras conduzco por la A6 me golpea con fuerza la gigantesta distancia que hay entre lo que ven mis ojos en este momento (coches, orden, autovía, civilización) y lo que muestran sus imágenes. Mientras edito esta entrevista, aún no se sabe nada de José Cendón, compañero de profesión de Álvaro. Ésto va en serio. Si existe algún trabajo que -visto desde fuera- requiera tener gran parte de los arquetipos positivos del ser humano (rechaza la etiqueta de héroe), es éste. Yo le resumo en tres palabras: Compromiso, Fuerza y Equilibrio, con mayúsculas. Él llega de viaje, yo inicio el mío…”

Álvaro Ybarra Zavala nace en Bilbao en 1979, pero pronto se le queda pequeña la ciudad. Joven y veterano al tiempo, se han publicado ya muchos trabajos suyos y tanto la prensa como la blogosfera le está prestando no poca atención: es muy fácil encontrar su trabajo en Internet. Entre otros proyectos, ahora trabaja para Time, Sunday Times, Le Monde y XL Semanal.

En esta entrevista tratamos de repasar los aspectos más conocidos de su trabajo, pero también adentrarnos en su espíritu y ¿porqué no? su técnica fotográfica.

A los 19 años te sale Ruanda, ¿cómo surge eso?

Pues como surgen las cosas tomándose unas cañas. Tenía un dinerillo ahorrado de dar unas clases y me planté allí. Volví para examinarme y poco más.

Pero no es fácil iniciarse en este sector. ¿Cómo empieza uno con este tipo de trabajos?

Cogiendo una cámara y largándote. Por tu cuenta. Yo siempre ayudaré al que quiera realmente empezar. El problema es que no nos ayudamos entre nosotros, y es que estamos hablando de un trabajo que implica una labor social importante y yo no me planteo competir.

Te voy a contestar con dos consejos que me dieron. Uno me lo dio Alice Gabriner, editora de Time Magazine: “no caigas en el error del mundo que rodea a la fotografía. Céntrate en los trabajos y haz lo que realmente quieres hacer, porque es lo que realmente vale.” El otro me lo dio Javier Fernández Arribas [Director de los Servicios Informativos de Punto Radio]: “escucha a la gente.

A mí las puertas se me han abierto aquí, viniendo de fuera. He hecho el recorrido inverso. ¿Qué contacto podía tener yo con Time, Sunday Times o Le Monde? Un día me llamó un amigo para decirme que tenía una exposición en Perpiñán y le dije, “¿qué es Perpiñán?” [pone gesto de confundido, irónico] Mi tarjeta de presentación ha sido mi trabajo – lo que me ha abierto las puertas. Al principio iba recuperando poco a poco, y llegó un momento en el que ya me adelantaban el dinero. Es duro, claro que es duro, pero si a mí me viene alguien a pedir ayuda le diría: “hablar es fácil, demuéstralo con hechos“. Si alguien tiene compromiso y se lanza, tiene mi ayuda: soy muy accesible. En el mundo de la fotografía hay demasiados egos. Sobran egos.

En un trabajo tan extremo, ¿dónde acaba el contador de historias y empieza la persona? ¿Están separados, juntos?

En todo en esta vida tienes que ser un conjunto, si no eres un cínico. Yo tengo la suerte de que estoy haciendo lo que me gusta hacer, pero cuando se desarrolla una vocación va todo en conjunto, no hay separación entre la persona y la historia. Para mí la fotografía es mi vida. Todo lo veo como una foto. Y sin embargo, me alejo mucho del mundo de la fotografía cuando estoy aquí: salgo con mis amigos, voy al cine… Cuando llego y revelo, se acabó.

¿Tu profesión es de solitarios por definición?

A mí me gusta estar solo cuando estoy allí. Solo nunca estoy, porque estoy con la gente que fotografío y ellos me han dado mucho más de lo que les he podido dar yo a ellos. Sin duda alguna.

Una de las experiencias que más me han marcado fue cuando estuve una temporada muy larga en Bolivia, cubriendo una situación dramática que es el cáncer en países del Tercer Mundo. Volví al cabo de cuatro meses para cubrir las elecciones presidenciales en las que fue elegido Evo y salté a Santa Cruz para visitar a los chavales con los que había estado durante 3-4 meses moviéndome por sus casas, viéndoles, siguiéndoles: Rocío, Bea, Miguel, David… ninguno estaba vivo. Te enseñan cómo lo afrontaron, cómo vivieron, cómo se comían el día a día, el no tener pelos en la lengua a la hora de preguntarte las cosas. ¿Y yo qué he hecho por ellos en definitiva? Nada.

Sin embargo, tu historia occidental habla de éxito: imagen de Nikon en Europa, te recibe el Rey…

¡Eso son anécdotas! Si te lo crees estás perdido. Soy un tipo de lo más normal: me encanta tomarme mis cervecitas, irme a los conciertos y todo eso. Lo realmente importante es que cuando consigues publicar una historia se te quita un peso de encima que es incomparable. Esa responsabilidad cumplida, eso no lo paga nadie. Eso no quita que sea fantástico que Nikon me apoye para poder seguir haciendo mi trabajo.

Cuanto más puedas ayudar a la gente que está empezando, gente que tenga ganas… de hecho cada vez me estoy metiendo más en la universidad, y me quiero meter más. Cuantos más seamos, muchísimo mejor.

Una vez dijiste que querías acabar rodeado de hijos. ¿Seguirás en esto, es compatible?

¡Y en breve, espero! Entonces me podrás llamar para que te cuente cómo fotografío mariposas chinas [irónico]. Para mí es compromiso con una historia o con la otra. Ahora estoy en una historia en la que estoy implicado al 200% y eso me hace ser una persona complicada con la que compartir una vida.

Pero si decides tomar un paso en ese sentido, ya no eres uno solo. Soy consciente del compromiso, de lo que implica y que no es fácil. Es también una cuestión de credibilidad, como en la fotografía: yo siempre he fotografiado lo que siento, lo que creo que puedo y debo hacer, y me implico completamente en ello. En el momento en el que me plantee tener familia, esta fotografía se acabó. Se pueden hacer muchas otras cosas. Ahora por ejemplo estoy con un trabajo en Madrid, siguiendo una canción de Sabina: Calle Melancolía.

Sobre la historias que cuenta (2a parte)

Lejos de la unilateralidad de ciertas campañas a los que estamos acostumbrados en estas fechas, me sorprende enormemente el equilibrio y pragmatismo de Álvaro a la hora de retratar el contexto de las historias que vive, cuenta y muestra. Ese pragmatismo no le quita un ápice de fuerza a su trabajo – más bien lo hace más real y convincente.

“Soy un experto en hacer daño a la gente que quiero, pero creo que con una cámara puedo dejar algo aquí, que quede una memoria colectiva no de política, sino de humanidad que es el único lenguaje universal.”

- Álvaro Ybarra Zavala (2008)

¿Cómo surgen los temas? ¿Los eliges tú, la agencia…?

Es con las revistas directamente. Todo va en función de un tema que quieran tratar en profundidad. Yo no hago lo que se llama Breaking News salvo si es una cosa muy gorda o estás por la zona. Si se espera que una noticia va para largo (un tsunami, un terremoto salvaje, un golpe de estado…) entonces sí te llaman. Todo lo demás son trabajos de 3 ó 4 viajes.

Este último viaje estaba previsto para más adelante, pero hubo movimientos de última hora, me dijeron ¡salta! y fui. En realidad ha sido poco tiempo: mi idea era quedarme hasta navidades o incluso volver en enero o febrero.

¿Llevas una agenda preparada?

No. Tú vas con una idea de lo que es, pero no puedes tener una idea clara desde aquí. Un editor que te plantee una idea desde Redacción, poco ha viajado… Cuando llegas vas descubriendo una realidad, y luego hay muchas realidades dentro de una misma realidad. Si quieres mostrar algo de verdad, creo que tienes que ser capaz de mostrar varios puntos de vista y que la propia gente te vaya mostrando el camino a seguir con la historia. El mayor error es tener una historia en la cabeza: tal foto, tal cosa. Cuanto más virgen llegues a los sitios a la hora de verlo, meterte, vivir con la gente y mamarlo… es la forma en que yo trabajo.

Colombia, Irak, Birmania, Afganistán, el Chad… este tipo de temas tan radicales son cosas con las que te encuentras. Vas, vuelves, es bueno dejar las películas en un cajón y olvidarte un rato. Luego lo miras con otros ojos, más fresco, y eso te ayuda a ver por dónde va el trabajo.

La lista es bastante impresionante: Irak, China, Afganistán, Sri Lanka, Chechenia, Líbano, Sudán, Colombia… ¿con cuál te quedas y en cuál no había la historia que esperabas encontrar?

[Me indica que falta Birmania, Líbano, Burundi, los Grandes Lagos...] La verdad es que nunca me lo he planteado así. Cada sitio te marca. Si llego a un sitio y no me impresiona lo que veo, me voy. Sin más, dejaría de hacer lo que hago. Todas las realidades son tan reales como cualquier otra, cada problema lo es. Y a mí me parece igual de catastrófico la problemática que puedas tener aquí, como la que pueda tener una niña en Afganistán, una mujer en Grozni o un hombre en Bagdad. Jugar a ser Dios, no me atrevo. Toda foto tiene que ser publicada, porque no es una fotografía, es una persona.

Tu trabajo es de denuncia de situaciones límite. ¿Existe una parte positiva en las vidas de esta gente?

El mayor drama de estas situaciones es cómo afecta a la cotidianeidad. Es lo que a mí realmente me interesa fotografiar, incluso en un conflicto armado. Todo el mundo tiene la imagen de Apocalipsis Now, pero ¿qué historia hay detrás de cada uniforme? Precisamente llevo 4 años en un proyecto sobre la cotidianeidad de la sinrazón de la barbarie humana…

¿Y en esa cotidianeidad hay espacio para la felicidad?

¡Sin duda! Pero también al mismo tiempo esa felicidad viene marcada por esa sinrazón.

Has estado en casi todas las partes del mundo. ¿En el fondo somos iguales, o los códigos que subyacen difieren en función de dónde te encuentras?

En las formas somos diferentes, pero en el fondo no. Todos los caminos llevan a lo mismo. Yo es como lo veo. Y sin embargo, todo lo que es diferente en forma lo consideramos enemigo, una amenaza, y nos da miedo abrirnos a esas diferencias que en realidad nos enriquecen. Personalmente soy un loco del ser humano, con sus cosas buenas y sus cosas malas, pero en definitiva es lo que somos.

¿Cómo sabes cuándo tienes que parar? ¿Cuándo no eres bienvenido?

Soldado de las FARC.No hay que engañarse: cuando fotografías un grupo armado es porque te han dejado estar con un grupo armado. Con el tiempo se olvidan de que estás. Yo he tenido una experiencia en la que luego, visto desde fuera, te das cuenta de hasta dónde has entrado como puede ser el caso de las FARC, donde entré hasta la cocina. Y te asusta saber hasta dónde has podido entrar.

Luego tienes otro tipo de experiencias: hace poco fotografié una matanza. Me encontré en una situación donde estaba rodeado de soldados congoleses completamente borrachos practicando canibalismo. Sabes que es una situación límite, y quieres irte. Pero también debes cambiar tu equilibrio interior de una manera en la que consideres normal lo que estás viendo. Y si la cosa se pone tensa, debes encontrar el momento en el que seas invisible para irte y no se den cuenta que ya no estás.

Me pasó ahora con un hombre, tras ejecutar a una persona que estaba con uniforme militar – realmente no sabía si se lo habían puesto o no. Él era rebelde y estaba con un cuchillo en la boca, totalmente ensangrentado, borracho, con los ojos idos – en una mano lleva una mano amputada y en la otra lleva un pene amputado. Esa foto la hice… con un 28 [es decir, estaba muy cerca]. No le pides permiso para hacerla, simplemente estás ahí. Ellos sabían que yo estaba, porque yo estaba fotografiándolos. No es la típica situación en la que te gustaría estar, pero si entiendes el lenguaje de cómo moverte en determinados sitios, si no eres un suicida, si no haces tonterías, puedes trabajar.

Hace unas semanas sacaron en Cuarto Milenio un reportaje sobre el Coltán (al calor de la publicación de cierto libro del tema) donde destacaban la importancia estratégica que tiene el chaval que pica piedra en la mina de Coltan, como si el equilibrio mundial dependiera de ese niño. ¿Se intuyen este tipo de situaciones en esos ambientes, su importancia, o no dejan de tomarse como teorías de la conspiración?

[Refiriéndose al autor del libro] Me hace mucha gracia la gente que quiere vender que son los primeros en algo que nunca son los primeros y pretenden beneficiarse a título personal de determinadas situaciones. A nosotros nos pagan únicamente por contar historias, y cuanto más anónimos seamos, mejor. Estamos hablando de seres humanos. Es el único tema en el que me siento categórico.

Las cosas hay que verlas en su contexto. Discrepo mucho de las frases salomónicas de ciertas ONG y organismos internacionales en temas como el Coltan: chavales trabajando, los niños soldados… ¡cómo se nota que no has estado allí! Si eres el noveno hermano de una familia en la mitad de la selva colombiana en la que tu padre te abandona, tienes prácticamente que matar con tus hermanos para comer – eso te da una probabilidad de sobrevivir. La Ley Humana exige sobrevivir, así que no critiques una situación si no aportas una solución real.

Y exactamente igual con los niños mineros del Coltán. Efectivamente, un niño no tiene que estar trabajando en una mina, un niño no tiene que poder coger un arma – ¡nungún ser humano debería coger un arma, odio las armas!. Ellos lo único que piensan es que quiero vivir mañana, quiero comer. No piensan en la muerte porque allí es una constante. Aquí creemos que tenemos el derecho a vivir eternamente, pero allí no. Son realidades muy diferentes que a la hora de aproximarte a ellas debes de saber que por mucho que te acerques, no eres parte de ella y nunca la vas a llegar a entender. Opinar sobre ese tipo de realidades sin realmente poder entenderlas… Yo no me levanto cada mañana pensado ¿quién nos va a atacar hoy? Ellos piensan que si yo tengo un arma, tengo futuro, o si yo entro a la mina, tengo una posibilidad de sobrevivir.

¿Cuál es el problema? Que muchas veces hay personas que llegan por la zona y plantean proyectos faraónicos que no se sostienen por sí mismos, creas expectativas que no se cumplen y la gente deja de creer.

Y con tanta hipocresía suelta, ¿ha cambiado tu visión de lo que somos en el Primer Mundo?

Para nada. Me ha sorprendido para bien, en muchas cosas. Me parece que es alucinante que nos planteemos cómo están gentes que no conocemos de nada, qué problemas tienen, mandemos dinero para ayudares. Puedo hablar sobre todo de la sociedad española, y me siento super-orgulloso. ¡La cantidad de anónimos que ayudan de forma desinteresada! Me parecen héroes: cada uno tiene una familia, una situación personal… y al mismo tiempo envía dinero. Eso muchas veces te obliga a estar a la altura de las circunstancias.

El mero hecho de crear esperanza ya es un milagro, y eso lo hace gente anónima.

Te propongo una teoría: tan dramático es el infierno personal de alguien que simplemente pierde su trabajo en España, como los infiernos personales que tú has presenciado.

Es que realmente es así. Todo problema es un problema, y no me parece justo comparar uno con el otro, cada caso es puntual y es sagrado. Soy contrario a esos mensajes moralistas de cada 20 segundos muere un niño – eso ya lo sabemos. Soy muy crítico con ciertos aspectos del mundo de la cooperación. Soy el primero en ayudar cuando pueda, pero aquí nadie tiene bula papal.

Alta/media/baja: dime la posibilidad que realmente tenemos como raza humana de hacer un futuro mejor.

Si una persona es honesta consigo misma, si no se engaña, pone un granito. Haciendo cualquier cosa en su vida, no hace falta ser Superman, ni Robin Hood. La diferencia la marcamos cada uno en el día a día, y si haces las cosas realmente como las sientes, cambiamos la realidad cada día de una manera u otra. Odio y me alejo radicalmente de la filosofía moralista – yo soy un simple fotógrafo y punto. Y tú entiendes la fotografía como la veas. Mi manera es contar historias de la gente que puedo ayudar, porque soy un desastre haciendo otras cosas, un cero a la izquierda. Soy un experto en hacer daño a la gente que quiero, pero creo que con una cámara puedo dejar algo aquí, que quede una memoria colectiva no de política, sino de humanidad que es el único lenguaje universal.

Sobre su profesión y su técnica (3 parte)

Policia iraqui, noviembre 2006
Policía iraquí, noviembre 2006 © Alvaro Ybarra Zavala

La película siempre queda.

- Álvaro Ybarra Zavala (2008)

En España hay muy buenos fotógrafos, pero ¿éste es quizás uno de los caminos menos transitados?

¡Qué va! Creo que hay gente que está haciendo unos trabajos increíbles. Mira Miki Alcalde en la India que está haciendo fantásticos trabajos, por ejemplo. Me parece que es un tío buenísimo. O Walter Astrada que es otro que hace trabajos de éstos para caerte al suelo. Yo creo que en España hay muy buenos fotógrafos, ¡buenísimos! Se me vienen un montón más a la cabeza, pero podríamos pasarnos un día entero: Samuel Aranda, Lurdes Basolí, Lorena Ros, José Cendón

El problema es que no se nos hace mucho caso. Me refiero a que publicar es complicado – en realidad nos hacen más caso fuera que dentro.

¿Competencia mundial?

Yo no compito. Creo que cuantos más seamos mejor. El error de la fotografía es que los fotógrafos tiendes a fotografiar para la propia comunidad de fotógrafos en vez de hacerlo para una gran audiencia, y yo creo que ése es el mayor de los errores. Para mí es una forma de vida como cualquier otra y le doy la importancia que se le tiene que dar. Cuantos más seamos y más espacios y realidades podamos cubrir, mucho mejor.

Pero como el mundo de la fotografía se ha convertido en una especie de star-boom de ahora no-sé-quién, ahora no-sé-cuántos y todos nos ponemos trabas… Gracias a Dios yo creo que ahora hay una generación joven que nos estamos ayudando muchísimo y trabaja mucho en equipo, hacemos muchos trabajos en conjunto. Yo creo que eso es bueno.

¿Pasas mucho tiempo viajando?

310 ó 320 días al año los paso fuera. La mayor parte del tiempo estoy fuera, y además en cada sitio me puedo pasar 3 meses, voy, vuelvo… a los sitios hay que volver.

¿Cuántas fotos puedes hacer en un reportaje, y cuántas salen a la luz?

En el último reportaje que estoy preparando he hecho en torno a las 700 fotos. Yo disparo muy poco. Me pone nerviosísimo cuando tengo un fotógrafo al lado que va como haciendo cine, taca-taca-taca-tá. Yo me he criado con la película y lo que veo y me llama la atención pum, disparo.

Te voy a poner un ejemplo: En África nos pillaron unos combates y otros dos fotógrafos y yo tuvimos que salir de la zona. Ya que estábamos desplazados, nos acercamos a la zona donde estaba un general local, lo encontramos y nos recibió. Nos hizo esperar un día, llegó otro coche que era una entrevista en exclusiva para AP. A mí me interesaba más el personaje [en vez de la noticia], por un lado evangelista, al mismo tiempo quiere ser presidente, Señor de Guerra, criminal de guerra… entrar en el perfil y en el elemento religioso, la guerrilla, los niños-soldado. Quería entrar en el día a día y eso no lo haces en un día.

Me dije que como iba a volver, iba a hacer una primera toma de contacto. Llegó el general y los otros fotógrafos… taca-taca-taca-tá, taca-taca-taca-tá. Al cabo de un rato cuando ves a cuatro extranjeros [sacando fotos] y a un tío de los cuatro con dos cámaras que le estaba mirando sin hacer una foto, el General se preguntaría ¿este tío que hace? Al cabo de un rato le tomé en un aparte y le expliqué lo que quería. Charlamos un rato y le pedí hacerle un retrato. Lo vi clarísimo y [el General] se me abrió. Lo senté e hice pof. “Ya“. Se me quedo mirando y me dijo “¿ya?” Se quedó tan cortado que hice pof pof, y le tiré dos más.

Alguna vez que me han pedido dar algún curso doy un carrete, una óptica fija y les digo: “Tienes 36 fotos. Tráeme algo.” Y ya está. Si tiras 2.000 seguro que hay algún momento interesante, pero ¿realmente lo ha visto, o es suerte? Incluso con digital, tiro poquísimo.

En un reportaje en profundidad tienes tiempo para planificar, mirar, para volver, para todo…

En realidad nunca sabes cuándo vas a acabar, es una crítica que me hacen varios editores, y con razón. Soy tan perfeccionista que puede llegar a ser enfermizo. Christian Caujolle [fundador de la Agence VU], que es mi mentor, me fuerza y me ha puesto una fecha límite para acabar un proyecto personal, porque si no, sigo y vuelvo… no por inseguridad, sino porque siempre hay algo más que contar. Creo que tienes que ser muy abierto como fotógrafo, no puedes ser categórico.

¿Con qué disparas?

Llevo dos cuerpos y disparo con un 28, un 35 y un 50. Fijos los tres.

¿Y cuál es tu cuerpo ideal?

No me gustan las cámaras grandes. Para mí un cuerpo ideal sería un cuerpo similar al de algunas cámaras compactas actuales de gama alta, con un sensor completo y unas calidades como te puede dar una Nikon D700 actualmente. Que te brindara un mecanismo silencioso y limpio, pero cuando la cosa se pueda complicar que tengas la posibilidad de tener la velocidad que te puede dar una Nikon. Eso aún no existe. Ahora tiro con una D700 porque creo que es lo mejor que puedes encontrar en digital en el mercado.

¿Porqué blanco y negro siempre? Además no solo eres tú, es muy típico de este tipo de trabajo…

¡Pues yo estoy más cómodo con el color! Es una cuestión técnica: el color exige más, te limita más. No te puedes permitir el lujo de no dar la talla cuando estás en estas situaciones. Moralmente. El color tiene que darte mucho más: puedes jugar con dominancias, con sensaciones, el color es un elemento extra que tú añades a la foto, pero también la luz determina mucho las horas en las que puedes trabajar. Y en estos temas no le puedo decir a una persona… [gesticula al aire, como pidiendo que se espere a que llegue la luz adecuada].

¿Y no es una postura artística?

No, y de hecho cada vez trabajo con más personalidad, sobre todo con los positivados. A mí me da la sensación de que con muchos trabajos dentro de 30 años van a decir “estos trabajos se han hecho entre el 2001 y el 2008” [por el estilo que tienen]. Y yo estoy volviendo a mi película, la TRI-X 400, a la simplicidad. Cuanto más simple es una foto, es más real. Ahora se usan unos desenfoques rarísimos, se ha puesto de moda disparar a f1.4…

¿Así que sigues tirando en analógico?

Combino. Lo que es el procesado lo hago siempre yo. Incluso en película, lo escaneo yo.

En analógico tengo y uso un juego de Nikon F6. También disparo Medio Formato en película de 120 (formato 6×6) con una antigua Yashica Mat 124 G.

¿Cuando empezaste tenías ya un estilo definido, estabas a gusto con tu técnica?

Yo siempre he tirado lo que me ha llamado la atención. No soy consciente de buscar uno u otro estilo. Tengo que reconocer que soy un friki del movimiento. Me gusta disparar con velocidades muy lentas y que te metas. Dos de los mejores fotógrafos que ha habido son Capa -que para mí es clave- y Christopher Morris [Fundador de la agencia VII, Chechenia, Irak, My America], que es único. Luego mucha gente me ha insistido: “confía en lo que tú ves. Es el Valor.” Para mí la foto buena es la que llega.

Soy muy tímido. Me das una cámara y soy capaz de mostrarte lo que veo, pero hay veces que no soy capaz de contarte lo que me llama la atención. Voy continuamente haciendo fotos, mis pajas mentales, los vacíos, los espacios… eso está continuamente funcionando.

La sensación desde fuera es que salir adelante con una casa, unos números, una familia… es harto difícil.

No es difícil, es que es absolutamente imposible. Pero bueno, también depende de qué tipo de fotografía. Yo no me planteo tener una familia a este ritmo. Cuando te dedicas a fotografiar a gente que sufre adquieres una responsabilidad que es mucho mayor. Estamos hablando de seres humanos, de gente que les ha fallado todo. Es una responsabilidad inmensa y la dedicación tiene que ser igual, paralela. El objetivo que tienes siempre es publicarlo, conocer su historia. Eso es bastante incompatible con tener [una familia]… quizás somos la profesión con mayor cantidad de fracasos de vidas personales que te puedes encontrar. Es un cliché que te confirmo desde dentro. Hay que saber ponerse también en el otro lugar: Nosotros tenemos la obligación de estar en los dos mundos, en el de la persona que te acompaña.

El mundo de los medios de comunicación (radio, prensa, internet…) es un mundo cada vez más complicado. Nosotros tenemos una gran ventaja, que es que la fotografía es un lenguaje universal y tenemos más plataformas. Cierto es que se ha abierto el tema de la fotografía en los móviles; hay gente que cree que es una desgracia, pero yo creo que no: hay que saber adaptarse a los nuevos momentos y si mañana hay una ejecución pública y alguien la puede registrar en un móvil, eso me parece que aporta al fin último que buscamos todos. El reciclaje va por otra línea: temas más en profundidad, otra horquilla de mercado más allá de las Breaking News que te encuentres. No es como antes, que eran 5 – ahora somos millones. De hecho, desde que nació la fotografía digital se ha hecho más fotografía que en toda la historia.

También hay otra cosa que da pánico: la cantidad de fotos que se han destruido. El archivo digital – hay gente que dice que dentro de 30 años no se podrán mantener todos los sistemas, todos los formatos. La película siempre queda.

Álvaro se va con la misma suavidad con la que estuvimos charlando. A pesar de mis quejas, paga las copas que nos hemos tomado “…por hacerte esperar por lo del viaje” y -curiosamente- no me deja hacerle una foto -”odio salir en las fotos“-. De hecho, fue la única petición que hizo para esta entrevista. Me viene a la memoria lo del anonimato, repaso mentalmente toda la historia de esta entrevista y no puedo más que añadir dos palabras más al resumen personal que hago de Álvaro Ybarra Zavala: Consecuencia y Generosidad. Cinco palabras. Buen número.

Via | Fotografía Microsiervos


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